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TRAYECTORIA

EL TEATRO TALLER DE COLOMBIA es un producto de inquietudes y expectativas artísticas alrededor del teatro laboratorio de Grotowski y del teatro y su doble de Artud. En 1972 el Teatro Taller realizo su primer espectáculo, El Génesis, un teatro sin palabras y básicamente gestual en el que se utilizó el cuerpo como principal lenguaje expresivo. Esta obra lo condujo por rumbos diferentes a los del teatro tradicional, que era sustentado en el dialogo y la palabra.

Una segunda versión de la misma obra, inmersa en las diferentes corrientes del movimiento teatral colombiano de los años 70, la transformo en teatro didáctico y contenido político directo, lo que al fervor revolucionario de la generación de esa agitada década. De acuerdo con las palpitaciones de la época se introducen nuevos elementos a su lenguaje teatral, con base al estudio de la teoría del “distanciamiento”, el “teatro épico” de B. Brecht y recogiendo la experiencia vivida en california durante un largo año con el teatro chicano y campesino de Luis Valdés, quien buscaba su expresión en las raíces de la cultura mexicana.

Como resultado de ese bagaje surgió la obra Actos Callejeros (1974) un montaje que introdujo al grupo en el mundo del circo y del payaso. Era una suerte de commedia del arte a la colombiana.

En esa primera etapa se hizo un teatro sencillo, apoyado principalmente en las destrezas y habilidades histriónicas de los actores; fueron juglares contemporáneos de un teatro ambulante que se esforzaba por abrirse espacio en calles, parques y plazas públicas de la ciudad de Bogotá. Lo anterior sumado a la inexistencia de una sala o espacio para ensayos y presentaciones, impulso al grupo hacia la búsqueda de la estética del teatro callejero. Esta modalidad teatral identificaría su trabajo de ahí en adelante.

Vino después el montaje del El profesor Prometeo, una sátira política, alegre y divertida, que utilizo por primera vez el elemento representativo del grupo: los zancos. Fue éste un elemento que, en un principio, el grupo adopto por si espectacularidad circense y que luego le sirvió como identificación de una estética teatral inspirada en la indagación de un lenguaje visual soportado por grandes imágenes de personajes en zancos.

En Perú (1978), durante un encuentro de grupos, los integrantes del Teatro Taller conocieron al Odin Teatret y a Eugenio Barba, discípulo de Grotowski. De ellos aprendieron principalmente la disciplina y el rigor en el trabajo, además de los conceptos de “antropología teatral” ciencia que investiga los “principios similares” que se refieren a la utilización por parte del actor de técnicas extra-cotidianas del cuerpo en situación de representación.

Estas experiencias llevaron al grupo a cualificar su trabajo de exploración en sentido estético y profesional. Por ejemplo, en la cabeza de Gukup, adaptación de los textos míticos del Popul Vuh (libro sagrado de los indígenas mayas), el grupo consigue realizar un montaje espectacular con personajes en zancos, imágenes de telas gigantescas, música colombiana, máscaras y mascarones tomados de la fiesta popular. Fue una propuesta de teatro de calle que trascendió por su novedosa dramaturgia y elaborada puesta en escena. En consecuencia, se podría decir que la cabeza de Gukup, junto con El inventor de sueños-otro de los montajes más representativos del Taller de Colombia-fueron en su momento espectáculos que marcaron nuevas pautas con el desarrollo callejero colombiano.

Después vinieron Icono solar, Prometeo encadenado de Esquilo y Aicneloiv (violencia al revés), una obra de muñecos gigantes inspirada en un intercambio de experiencias con Peter Schuman del Bread and Puppet Theatre. Seguidamente se puso en escena Popòn el Brujo, una obra sobre la conquista española escrita para el grupo por Fernando González Cajiao. Otras obras dignas de mencionar fueron: los Cíngaros, una danza acrobática en zancos que narra la leyenda del Mohán, sinfonía de payasos, Batucad –circo y el regreso de Don Quijote.

El teatro para la sala también sirvió como respuesta a múltiples inquietudes y así llegaron a escena, además de El Génesis, cuando las marionetas hablaron, los amigos de Candelita, El jardín subterráneo (de Milciades Arévalo), payaso (adaptación de la opera de Leoncavallo) y El principito ( de Saint-Exupèry)

Con sus espectáculos a cuestas, el grupo fue invitado a festivales internaciones de teatro en Europa, Asia, Estados Unidos y diferentes países de Latinoamérica. Las temáticas de esas obras partieron de argumentos, historias y leyendas mitológicas de la literatura universal y latinoamericana, o de historias de su propia invención que se nutrieron especialmente del carnaval, la fiesta y el circo. De aquellas expresiones populares nace el arsenal artístico que lo identifica como emblemático grupo teatral colombiano, portador de una estética particular y paradigma de nuevas generaciones.

Su teatro es entendido como la elaboración de una poética, tanto del texto dramático (literatura), como una dramaturgia escénica. El texto entreteje acciones de actores con emociones, ritmo, imágenes poderosas, sugestiva escenografía, vestuario, luces, color y demás elementos plásticos que aportan a sus montajes un inesperado sentido estético y teatral.

El ritmo cambiante del nuevo siglo sorprende al Teatro Taller de Colombia enfocando su investigación en el trabajo del actor, mediante procesos de experimentación que le otorgan una visión filosófica expresada en la “cultura” de grupo. Sus últimos trabajos se ¡inscriben en la búsqueda de un teatro de laboratorio que indaga en un horizonte enmarcado por nuevas dramaturgias, que implican la búsqueda de un lenguaje teatral para espacios abiertos y no convencionales. Un teatro en el cual el espectador viva como única experiencia los acontecimientos conmovedores que se presentan en escena, para que la vida representada sea, de modo misterioso y mágico, ,as real que la verdadera vida cotidiana, afrontando el lance de que guste más contemplar esa efímera realidad de las tablas.